Durante el mes de septiembre, desde K-Neuro y los distintos centros y hospitales con los que colaboro, hemos tenido que gestionar las becas de reeducación pedagógica [memoria, presupuesto de terapias, etc.]. El tema de este post es exponer el sinsentido de como niños/as con déficits neurocognitivos, es decir, del ámbito clínico [esto es fundamental], su intervención terapéutica dependa del criterio «educativo» [Equipos de Orientación: profesionales no sanitarios], y sean estos lo que «establezcan» si hay o no déficits en Atención, Funciones Ejecutivas, etc. Voy a exponer a continuación uno de los casos recientes que me ocurrieron, aunque hay muchos y todos muy similares.

Me llaman desde el departamento de orientación de un colegio para decirme que el alumno [paciente que está en tratamiento neuropsicológico y que está diagnosticado de un Trastorno del Neurodesarrollo X, cuyas características principales son: déficits en Atención, Sistema Inhibitorio, Working Memory y Funciones Ejecutivas] no pueden incluirlo para optar a estas becas porque en [cito textualmente] «las pruebas de atención que le hemos pasado, no ha dado déficit de atención. Donde tiene dificultades es en comprensión lectora y razonamiento». Le argumento que debería de saber que una prueba nunca puede concluir si una función es o no es deficitaria y que este paciente, sus mayores dificultades están en el Sistema Inhibitorio, Working Memory y Funciones Ejecutivas. Me responde que perfecto pero que al «no dar problemas de atención en las pruebas, no pueden incluirla en dicho programa». Le pregunto [para comprobar si lo he entendido bien] que en el caso de que sí «hubiera dado» en las pruebas «problemas de atención» se habría podido incluir, pero que sin embargo, como sus dificultades están en el SI, WM y FFEE, entonces, de ninguna de las maneras puede optar a ello. Me confirma que sí.

Acto seguido contesto que esto no tiene sentido ni sigue ningún criterio clínico, ya que el presentar déficits en WM y FFEE puede ser mucho más «incapacitante» que el hecho de los déficits atencionales. Ante esta argumentación lo único que responde es que «Van a valorar la WM, FFEE y SI de nuevo, y en función de eso, decidirán, pero ellos consideran que los déficits cognitivos de este paciente no son tan significativos como para que se incorpore a dicho programa de becas». Después de escuchar esto, decidí simplemente responder con «Ok, entiendo que la gestión de estas becas depende exclusivamente del EOE, y si estimáis que no debe de estar incluido, perfecto.».

A partir de aquí, voy a intentar explicar por qué pienso que es un error la forma de proceder tanto a nivel administrativo como de compentencias. La primera de ellas es que los profesionales que forman los EOE no deberían de constatar si existen o no déficits en las funciones neurocognitivas por cuestiones básicas de formación y clínica [no son profesionales sanitarios ni tienen la formación clínica para ello, y el hecho de que «conozcan» las funciones neurocognitivas no significa bajo ningún concepto que sepan explorarlas ni determinar cuándo existe un déficit, y mucho menos, un Trastorno.

Explorar no es «administrar pruebas» como siempre decía el neuropsicólogo extraordinario con el que me formé.]. La segunda de ellas es que la gestión de ayudas de este tipo de becas no debería de estar estipulada por profesionales que no pueden ni saben diagnosticar déficits neurocognitivos ni mucho menos un Trastorno del Neurodesarrollo, requerimientos necesarios para la inclusión de estos en dicho programa. Y aunque se aporte un informe neuropsicológico y de neuropediatraía con un diagnóstico de TDAH por ambas partes por ejemplo, si el EOE determina que ese chico/a no precisa terapias [psicológica, neuropsicológica, pedagógica y/o logopédica], no se concede.

Esto es realmente grave ya que un estamento que no está capacitado [insisto que son profesionales no sanitarios, sin formación clínica; tendrán formación en psicología educativa o en X, que no es lo mismo ni por supuesto, equiparable] es el que decide si se tramita esa solicitud o no.

Conclusión: un organismo no sanitario es el que en base a criterios sanitarios [clínicos], tiene la última palabra. Esto es realmente absurdo y carente de toda base científica y clínica, y se debería de modificar cuanto cuantes por el bien de estos/as chicos/as.

José María Valderrama
Neuropsicólogo Pediátrico