Es relativamente común observar de un tiempo a esta parte, una confusión generalizada sobre los cuadros de TEL, TEA y Trastorno Socio-Comunicativo [TS-C]. Esta confusión se produce de forma más acentuada en pacientes entre 0-6 años, a los cuales se les filia de forma errónea y a veces difusa, con etiquetas diagnósticas que no se ajustan a la sintomatología manifestada. El TS-C se diferencia básicamente de un cuadro TEA por «la ausencia de patrones restringidos/repetitivos de comportamiento, intereses y/o actividades» [DSM-V].

Es decir, los déficits propios del TS-C se apreciarían en la Cognición Social y en la Pragmática del Lenguaje. Por otro lado, los cuadros TEA presentan dificultades en «la comunicación e interacción social y en patrones restringidos/repetitivos de comportamiento, intereses y/o actividades» [DSM-V]. En este caso se añadirían a los déficits en la Cognición Social y Pragmática del Lenguaje, otros déficits Prefrontales. En el TEL, las dificultades observadas se circunscriben únicamente al Lenguaje [expresión y/o comprensión] y mayormente en la vertiente expresiva. Estos criterios diagnósticos son los básicos y fundamentales pero ni que decir tiene que para el diagnóstico de cualquiera de los tres cuadros, es necesario valorar muchos más aspectos. Hasta aquí todo parece estar relativamente claro. Pero hay que incluir dos variables: edad y déficits primarios y secundarios.

La mayoría de casos menores de 6 años, a excepción de aquellos cuadros que refieran una sintomatología muy clara de Autismo, se filian como TEL o TS-C, aún observándose déficits que exceden de las dos áreas referidas anteriormente [Cognición Social y Pragmática el Lenguaje]. ¿Por qué se diagnostica a un chico de 4 años como TS-C o TEL cuando hay una sintomatología evidente que hace indicar algo distinto? En mi opinión, pienso que ocurre porque decir «vamos a filiarlo como TS-C o TEL de momento, y más adelante ya veremos cómo evoluciona» es más asequible que decir «su hijo/a tiene unos déficits obvios que probablemente pertenezcan a un cuadro tipo TEA y que hay que abordar». Porque bajo ningún concepto existe un TS-C que evolucione a un TEA, ni viceversa, ni un TEA que evoluciona a un TEL, ni viceversa. Afirmar esto denota no tener conceptos clínicos básicos, lo cual, conllevería a erorres diagnósticos frecuentes. Los cuadros no evolucionan a otros cuadros distintos, sino que dentro de su mismo trastorno/síndrome, evolucionan de una manera u otra, con una variabilidad funcional determinada.

Pero jamás varía la entidad diagnóstica. Por supuesto, y entrando en el segundo punto [déficits primarios y secundarios] es de vital relevancia evaluar si los problemas en la interacción social que puede tener un cuadro TEL es como consecuencia de esas dificultades en la vertiente expresiva o si hay otra sintomatología primaria que esté interfiriendo en lo social, para valorar la opción de considerar un cuadro TS-C, por ejemplo. Por ello, no es de extrañar que cuando un paciente previamente diagnosticado como TEL o TS-C acude a consulta y se le explica que en realidad, su cuadro es un TEA, los padres se sorprendan y haya aspectos que les resulte dificil de entender. La etiqueta diagnostica, en ocasiones, se dice que no es lo más importante pero es crucial para tener claro de qué forma hay que afrontar la parte terapéutica ya que es totalmente distinto tanto el abordaje como la evolución de un TS-C, un TEL o un TEA.

José María Valderrama
Neuropsicólogo Pediátrico